En este recorrido como editora en jefe, son tantas cosas en las que reflexiono y en donde me encuentro pesando mis energías, tiempo y resultados, sigo reafirmando que este rol es más que simplemente supervisar el contenido de algo que desee publicar: se trata fundamentalmente de fomentar relaciones, comprender y abrir la mente ante tantas perspectivas y buscar dar forma a narrativas que resuenen -sea con una visión que tenga en mente o con un apoyo que intuyo necesita alguien y puedo dar. Estas experiencias con la escritura, entrevistas y momentos de conexión con la gente, trata tanto de liderazgo, creatividad y un profundo sentido de propósito. Voy entendiendo en cada oportunidad que se me presente que este rol (como muchos otros) exige más que tener un ojo agudo –en mi caso y contexto, a tono editorial–; requiere en esencia inteligencia emocional, adaptabilidad y una firme determinación por el aprendizaje continuo.
En estas palabras que te comparto hoy, deseo enfocar algunos componentes clave que definen aspectos de este rol –ser editores, editores en jefe– y cómo vamos elevándonos de meras gestiones a impactos significativos y en las áreas que más afectan nuestra calidad de vida.
El magnífico poder de las conexiones
Sin la más mínima duda, una de las habilidades más valiosas que uno puede y necesita cultivar como editores en jefe es la capacidad de conectarnos con las personas: escritores, lectores, colaboradores y la comunidad que nos rodea en general. Cada post que se realiza, cada publicación que compartimos se convierte en ocasiones en algo tan independiente, que toma vida gracias a las historias humanas y prospera tanto cuando nos esforzamos en fomentar relaciones auténticas, sinceras, y con deseo de comprensión. ¿Qué ha significado esto para mí, particularmente? Significa tener que aprender y saber interactuar activamente con personas quienes, en muchos escenarios, se convierten en colaboradores clave para crear e impulsar espacios donde las ideas puedan florecer, ganar y destacar lo que realmente consideramos importa en ese momento y a cierta audiencia. Una de las cosas que voy apreciando y analizando en gran manera es cómo los mejores líderes editoriales fundamentan su éxito no solo en el gran contenido que creen publican, sino en la capacidad de descubrir ese grado de influencia que tienen las personas detrás de todo eso que narran. Es que un contenido que nos mueva a todos por lo general tienen nombre y apellido, y emociones con las que muchos terminan identificándose.
Fomentar las gratas relaciones para nuestro contínuo crecimiento a largo plazo
Salir a cada cafecito, programar momentos para llamadas telefónicas, trabajar en mi mentalidad del día, editar y reparar intensamente la cantidad de errores que cometo al conectar e intepretar lo que me dice alguien, me hace comprender que no son actos necesariamente transaccionales; son habilidades que veo tan importantes para el desarrollo de la confianza, la colaboración y las visiones compartidas a lo largo de la vida y en cualquier etapa en donde nos encontremos. A medida que uno va interactuando con otros editores, escritores, publicadores, creadores de contenido, etc… vamos comprendiendo el gran trabajo de invertir tiempo en conocer las fortalezas, las motivaciones y las pasiones creativas que nos mueven como individuales y como equipos. Y es crítico entender que las personas dan lo mejor de sí cuando se sienten valoradas. Esto se aplica en todo ámbito donde colegas, socios y lectores de las distintas industrias se reunen. Creo que lograr mantener un enfoque genuino y a largo plazo en la construcción de relaciones es lo que garantiza la evolución y sostenibilidad de lo que creamos, en mi caso, la publicación.
Cuidar y alimentar una mente abierta
En un mundo en constantemente cambio, donde los ajustes y adaptaciones pueden llegar a asustar o desanimar a cualquiera que crea no estar a la altura de lo que sucede y se exige, uno debe mantener una mente curiosa y abierta, incluso para proteger su salud mental y emocional.
Como editores, sea que tratemos de dar la bienvenida a nuevas ideas, acoger y aprender de voces emergentes o desafiar los prejuicios y sesgos personales y profesionales, es evidente que alimentar una mentalidad más adaptable a lo que se presente es clave para la prosperidad de uno. Cuando estudio, comparo o evalúo los diferentes estilos de liderazgo en el mundo editorial, descubro y voy tratando de comprender en amplitud que liderar efectivamente no se trata de tener la voz más fuerte o ruidosa en la sala y/o en las redes sociales, o de hablar constantemente (por las tantas razones que creemos tener), sino más bien de escuchar, detallar, aprender, dar espacio y aceptar las diferentes perspectivas que pueden haber sobre un tema, y que sabiéndolas manejar enriquecen la conversación.
Con muchísima frecuencia, las cosas que termino escribiendo y publicando –esas historias y experiencias en las que voy conociendo el mundo y su gente– surgen de personas y lugares inesperados, y al recordar lo valioso que es mantener una mentalidad abierta, de alguna manera, me garantiza que no pase por alto detalles, emociones, gestos, palabras que luego en mis reflexiones interpretaré muchísimo mejor –sin embargo, no siempre lo logro con soltura o como la otra persona deseara le entendiera.
La importancia de la preparación
Cada conversación, reunión y entrevista para conocer de algo o alguien, cada declaración o expresiones públicas que se intercambian, son importantes para lo que escribiremos. Los buenos editores en jefe, según voy admirándoles, nos van dejando ver el poder de la preparación: aprender a comprender y sumergirnos en el contexto, anticipar y ajustar las preguntas considerando, en ocasiones, elaborar respuestas reflexivas al momento.
Ya sea que lo que busquemos sea presentar una nueva idea, manejar una controversia o abogar y defender el trabajo de aquellos a quienes valoramos, es esencial saber cómo articular y adaptar nuestros pensamientos con claridad, confianza y mucha empatía. Para muchos de nosotros, la preparación no significa simplemente escribir cada palabra o pregunta en un papel; significa investigar detalladamente un escenario y posibles ángulos de una narrativa, estar informado con lo veraz, mantener un acercamiento intencional y ayudarnos a estar listos para interactuar con profundidad y conocimiento. Y en ocasiones es también decidir retirarnos de donde no creemos estar aportando algo que consideramos correcto.
Entender los antecedentes y las historias de las personas
Algo por lo que me atrae bastante el estudio de la psicología es por la complejidad y magnificencia del ser humano. Y en una publicación llegamos a compartir tan solo un reflejo de las tantas facetas que pueden tener las personas. Y siendo editores, o digamos mejor, siendo comunicadores con un propósito en particular, necesitamos liderar primeramente nuestra personalidad para ver como manejarnos o movernos de maneras efectivas; esto es, dedicarnos a conocer y entender diferentes antecedentes, historias y experiencias vividas por las personas. Ya sea que abordemos temas sociales, de emprendimiento, narrativas culturales o historias personales, la empatía y la conciencia le ayudan a uno a dar forma a la dirección editorial: esa visión que sabemos nos mantiene ansiosos por seguir explorando. Crear contenido que más allá de considerarlo atractivo sentimos es respetuoso y responsable nos lleva a detenernos con frecuencia para buscar comprender con detalles de dónde provienen las personas, qué emociones les invaden cuando tocamos ciertos aspectos clave en una conversación sobre sus vidas.
Hay tanta alegría al crecer haciendo lo que nos importa
Creo firmemente que los momentos felices en nuestro recorrido por la vida surgen cuando nos damos la oportunidad de hacer constantemente lo que nos gusta y nos importa. Personalmente, encuentro una profunda satisfacción al guiar la visión de las publicaciones y plataformas que nutro, dar voz y apoyo a otras voces, y ver cómo las opiniones y aspiraciones que me comparten pueden transformarse en historias significativas. Además, conectar con personas afines en mente y gustos es, para mí, una experiencia muy gratificante; me permite reflexionar sobre aspectos de mi personalidad en los que debo hacer hincapié y trabajar.
Por supuesto, también valoro los desafíos, la incertidumbre de adentrarme en lo desconocido, el estudio constante y la mejora continua ´del oficio´ como elementos esenciales para un lindo crecimiento. Soy una lectora apasionada de temas como la energía, los talentos, la autoconciencia y la conexión espiritual, entre otros menos místicos quizá, porque siento que me acercan a la armonía que necesito para alcanzar mis propósitos.
Apreciado lector, cerrando mi artículo de hoy, deseo resaltarte lo importante de nutrir nuestro mundo interior con mucho cariño y respeto para mejorar nuestras relaciones externas que impactan intensamente nuestros trabajos. Y un libro que puede inspirarte a explorar más sobre conexión, comunidad y amor propio: “Dare to Lead” de Brené Brown.
“Dare to Lead” de Brené Brown: una lectura que en algunos grupos creemos debería ser obligatoria para fortalecernos en temas sobre liderazgo, vulnerabilidad y el coraje para crear y promover ambientes donde las personas prosperen con/en sus intereses.
Gracias por visitar mi espacio hoy y que tengas un buen día 😉